El precio de una web para un negocio local depende de cuatro cosas: cuántas páginas tiene, si el diseño es a medida o sobre plantilla, quién escribe los textos y si incluye trabajo de posicionamiento. No hay un precio único porque no hay un proyecto único: una página de presentación para un autónomo y una web de veinte secciones con reservas online no son el mismo encargo ni de lejos.
Lo que sí puedes saber antes de pedir presupuestos es qué encarece de verdad una web y qué señales indican que te están cobrando de más. Eso es lo que vamos a ver.
¿Qué determina el precio de una web?
Estos son los factores que mueven el presupuesto, ordenados por el peso que suelen tener:
El número de páginas
Es el factor más evidente. Una web de una sola página, con todo el contenido en un scroll, cuesta bastante menos que una con página propia para cada servicio, blog y zona de trabajo. Cada página nueva es estructura, diseño y textos.
Diseño a medida o plantilla
Una plantilla comprada y rellenada es la opción rápida y barata. Un diseño creado desde cero para tu negocio cuesta más porque implica pensar la estructura, la identidad visual y cómo se guía al visitante hasta el contacto.
La diferencia no es solo estética. Una plantilla la está usando otra gente, incluida posiblemente tu competencia, y suele venir cargada de funciones que no necesitas y que ralentizan el sitio.
Quién escribe los textos
Es la partida que más se subestima. Si tú entregas los textos listos, el proyecto avanza rápido. Si hay que redactarlos, es trabajo adicional que se cobra aparte, porque escribir el contenido de una web no es rellenar huecos: es decidir qué se cuenta y en qué orden.
Las funcionalidades
Un formulario de contacto viene de serie en cualquier web. Reservas online, tienda, área de clientes, calculadoras o integraciones con otras herramientas son desarrollo adicional y pueden multiplicar el presupuesto.
Si incluye SEO o no
Aquí hay que distinguir dos cosas que a menudo se venden mezcladas. Una web bien hecha viene con una base técnica correcta: estructura ordenada, velocidad, etiquetas bien puestas. Eso debería estar incluido siempre.
Otra cosa distinta es el trabajo continuado de posicionamiento: investigar palabras clave, crear contenido, trabajar la ficha de Google. Eso no es parte de hacer la web, es un servicio aparte y normalmente mensual.
¿Qué costes tiene una web además del diseño?
El presupuesto del diseñador no es lo único que vas a pagar. Conviene saberlo antes para no llevarte sorpresas:
- El dominio, la dirección de tu web. Se paga cada año y es un gasto pequeño.
- El alojamiento, el servidor donde vive la web. También anual o mensual. Aquí ahorrar demasiado sale caro: un hosting malo hace que tu web vaya lenta por mucho que esté bien construida.
- El mantenimiento, si quieres que alguien se ocupe de actualizaciones, copias de seguridad y de que no se rompa nada. Puedes hacerlo tú si tienes conocimientos, o delegarlo.
- Licencias de plugins o temas, según lo que necesite tu proyecto.
Pregunta siempre si estos costes están incluidos en el presupuesto o van aparte. No hay una respuesta correcta, pero sí tiene que estar claro desde el principio.
¿Cómo sé si un presupuesto es razonable?
Más útil que buscar un precio medio es aprender a leer un presupuesto. Estas son las señales que conviene mirar.
Señales de que algo no cuadra
- Un precio cerrado sin haber hablado contigo. Si te dan una cifra sin preguntar a qué te dedicas, cuántas páginas necesitas ni qué quieres conseguir, están vendiendo un producto genérico, no resolviendo tu problema.
- Un presupuesto de una sola línea. «Diseño web: X €» no te dice qué incluye. Un presupuesto serio detalla páginas, entregables, revisiones y plazos.
- No se aclara de quién es la web. Tiene que quedar por escrito que el dominio, el alojamiento y los accesos son tuyos. Si te quedas atado porque no puedes tocar nada sin ellos, el precio barato acaba saliendo caro.
- Promesas de resultados. «Primera posición en Google garantizada» es imposible de asegurar: nadie controla el algoritmo. Quien lo promete o no lo sabe o lo sabe y lo dice igual.
- Revisiones ilimitadas. Suena bien y no lo es: o no se cumple, o el precio ya lleva ese colchón dentro.
Señales de que vas bien encaminado
- Te han hecho preguntas sobre tu negocio antes de dar un número.
- El presupuesto detalla qué páginas incluye y qué pasa si quieres añadir más.
- Están claros los plazos y qué necesitan de ti para cumplirlos.
- Se especifica qué ocurre después de entregar: soporte, garantía, mantenimiento.
¿Por qué una web barata puede salir cara?
Una web muy por debajo de mercado suele conseguirse recortando en algún sitio, y ese sitio acaba pasando factura. Lo habitual: plantilla genérica sin adaptar, hosting compartido de baja calidad, cero optimización de velocidad, textos escritos a toda prisa o copiados, y ningún soporte una vez entregada.
El resultado es una web que existe pero no trabaja: no aparece en Google, no transmite confianza y no genera consultas. A los dos años toca rehacerla, y entonces has pagado dos veces. Cuando ese es el punto de partida, lo que suele compensar no es empezar de cero sino rediseñar lo que hay aprovechando el contenido, que sale más rápido y más económico que un proyecto nuevo.
Cuánto cuesta una web conmigo
Para que tengas una referencia concreta y no solo teoría, estos son mis precios de partida publicados: una web de una sola página desde 250 €, una web multipágina desde 500 €, y el rediseño de una web existente desde 350 €. El posicionamiento SEO es un servicio mensual desde 150 € al mes y el mantenimiento desde 35 € al mes.
Son precios de partida, no cifras cerradas: el presupuesto final depende de las páginas, del contenido y de lo que necesite cada proyecto. Lo que sí es fijo es que el presupuesto se cierra antes de empezar y no hay sorpresas después.
Cómo pedir presupuesto sin perder el tiempo
Cuanta más información des, más ajustado será el número que recibas. Lleva preparado esto:
- A qué se dedica tu negocio y a quién te diriges.
- Qué quieres conseguir con la web: que te llamen, que te encuentren en Google, dar mejor imagen.
- Qué páginas crees que necesitas, aunque sea aproximado.
- Si tienes textos y fotos o hay que crearlos.
- Si ya tienes web, el enlace.
- Para cuándo la necesitas.
Con eso, cualquier profesional serio puede darte una cifra realista. Si quieres saber qué necesitaría tu caso concreto, cuéntamelo y te preparo un presupuesto cerrado.
Preguntas frecuentes
¿Es más barato hacerme yo la web con un editor online?
En dinero sí, en tiempo casi nunca. Los editores tipo arrastrar y soltar permiten publicar algo rápido, pero conseguir que esa web cargue rápido, se vea bien en móvil y aparezca en Google requiere conocimientos que se adquieren con horas. Si tu tiempo vale, echa la cuenta completa.
¿Qué diferencia hay entre una web de 250 € y una de 1.000 €?
Principalmente el alcance: número de páginas, si el diseño es a medida, quién redacta los textos y qué funcionalidades incluye. Una web de una sola página bien hecha puede ser suficiente para un autónomo, mientras que un negocio con varios servicios y zonas necesita más estructura.
¿Se paga todo de golpe?
Lo habitual es fraccionar: una parte al inicio, para reservar el proyecto y empezar, y el resto a la entrega. Conviene que las condiciones de pago estén por escrito en el presupuesto antes de empezar, junto con los plazos y lo que incluye cada fase.
¿La web es mía o del diseñador?
Debe ser tuya, y eso incluye el dominio, el alojamiento y todos los accesos. Pídelo por escrito antes de contratar. Si un proveedor mantiene el dominio o los accesos a su nombre, cambiar de profesional más adelante se convierte en un problema.
¿Cuánto cuesta mantener una web al año?
Depende de si te ocupas tú o lo delegas. Como mínimo pagarás el dominio y el alojamiento. Si contratas mantenimiento, se suma esa cuota mensual e incluye actualizaciones, copias de seguridad y soporte. Pregunta siempre qué cubre exactamente antes de contratarlo.
Marc Sabina Sala · Diseñador web y especialista en SEO en Sant Vicenç dels Horts. Trabajo con negocios del Baix Llobregat en WordPress, diseño y posicionamiento local.

